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31/07/2017 - test

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03/03/2014 - Eutanasia. Gran dilema, gran responsabilidad.

_LEO0861-2Hoy pretendo entrar con pies de plomo en un tema muy, muy delicado. Un tema en el que fácilmente me puedo granjear tanto amistades como profundas enemistades. Pero es parte de nuestra profesión y evitar hablar de él no hace que desaparezca.

En el diccionario encontramos 2 acepciones al término eutanasia. 1ª.-Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él. Y 2ª.-Muerte sin sufrimiento físico. Ambas acepciones se ajustan a nuestro campo de acción. Primero porque para nuestra desgracia nunca tenemos el consentimiento del afectado. Siempre es alguien que “consiente” por él. Segundo porque la máxima “Muerte sin sufrimiento físico” es piedra angular de nuestra forma de abordar este delicado asunto.

Nosotros, como veterinarios, tenemos en nuestra mano la potestad de hacer que una vida animal deje de serlo. Y lejos de lo que pueda parecer, esto es una responsabilidad que pesa como una losa.

Aquí nunca hay cálculos matemáticos. Nada nos dice si la decisión de practicar una eutanasia ha sido acertada al 100%. Siempre nos queda la duda de si hemos llegado demasiado pronto o demasiado tarde. Siempre queda un pequeño resquicio de duda de si hubiese sido posible hacer algo más por la mascota que tenemos delante. De si la eutanasia es la única salida.

Solo nos guía nuestra honestidad como profesionales.

En nuestro caso practicamos eutanasia cuando el paciente que tenemos delante está ante lo que denominamos médicamente como desahuciado. Nunca practicamos eutanasia en animales que no padecen alguna patología terminal. Es decir, cuando no tenemos medios para aliviar un momento de sufrimiento, y este sufrimiento no tiene un horizonte de alivio. No nos sirve simplemente el sufrimiento en sí. El sufrimiento per sé no es suficiente. Porque muy a menudo el sufrimiento tiene remedio. Si tenemos la mala fortuna de que nos atropelle un camión, es previsible que suframos y mucho durante un tiempo. Que estemos sufriendo no es suficiente para que nos pongan una inyección eutanásica. Yo lo que querría es que me curasen. Y que durante el proceso de curación me aliviasen el dolor o el sufrimiento en general.

Pero claro, resulta complicado decidir cuando estamos hablando de que un paciente está desahuciado. Cuando lo está realmente o cuando somos nosotros los que no somos capaces de aliviar su problema. Porque no me queda ninguna duda de que en ocasiones quizá otro compañero u otra opinión cambiaría el curso de los acontecimientos. Y aquí reside nuestra responsabilidad. Los años de profesión indudablemente ayudan a sopesar la situación. Pero aún y todo la decisión nunca es fácil.

En nuestro caso raramente somos nosotros los que planteamos la situación. Yo tengo la suerte o la desgracia de trabajar fundamentalmente con animales de compañía. Cada vez vemos menos perros de trabajo (Cazadores, de guarda, etc) por lo que en nuestro caso, el componente emocional es muy fuerte en la mayoría de las situaciones. Un componente emocional que modula cualquier decisión. Y normalmente, cuando una persona adulta y tras un proceso de enfermedad que no tiene solución y que está afectando a la dignidad de la vida de su mascota, decide proponer un tratamiento eutanásico, la decisión suele estar muy meditada (No me cabe la menor duda de que hay gente para todo, pero lo que cuento es lo mayoritario). Y ahí entramos nosotros para valorar si su opinión es correcta, si es posible hacer algo que mejore esa dignidad o si creemos que es imposible , ante lo cual,  apoyamos la decisión.

El momento como tal necesariamente tiene que estar inundado de dignidad. Y a veces no es sencillo. No porque no seamos capaces de empatizar con el estado del propietario, que lo somos, sino porque en muchas ocasiones acabamos de salir de otra consulta feliz (Un cachorro recién incorporado a una familia con niños), y puede ser que después tengamos otra más feliz. En cualquier caso siempre intentamos mantener un estado social acorde con el momento. Actuamos de manera seria, sobria, digna y por supuesto profesional.

A todo animal que va a ser eutanasiado se le tranquiliza cuanto antes. Y se hace para que llegue a un estado de profunda sedación. Posteriormente a esta sedación se le aplica un anestésico que sirve de eutanásico, porque es inyectado a una dosis muy superior a la que se utilizaría si se estuviese ante un proceso anestésico puro y duro. Es decir, el paciente entra en sedación, luego en coma y posteriormente muere. Y de lo único que realmente se da cuenta es del pinchazo inicial que por otro lado no es muy doloroso.

Si se ha tomado la decisión no podemos estar mareando la perdiz hablando y hablando mientras el paciente nos observa. No. Si se ha tomado la decisión cuanto antes comencemos el proceso menos sufrirá el pobre animal.

En nuestro caso nunca practicamos eutanasia en casa del propietario. De hecho nunca salimos de la clínica para nada, pero es que a menudo se nos pide que, para evitarle sufrimientos al paciente, nos desplacemos a su casa y lo hagamos allí. Nuestra experiencia en este sentido ha sido casi siempre negativa. Nos han pasado situaciones que han terminado en una decisión drástica. Nunca salimos de la clínica para eutanasiar a un paciente.

El propietario decide si quiere quedarse en todo el proceso, si prefiere no verlo, si se queda solo hasta la sedación…Es decir, respetamos cualquier decisión. Cualquiera nos parece adecuada.

En fin, que aunque siempre habrá quien considere que eutanasiar a una mascota siempre es inapropiado (Cosa que también respetamos), en muchas ocasiones nuestra humanidad nos pide que acabemos con un estilo de vida indigno y sufrido.

Un saludo, Leo

 

27/02/2014 - Mitos en veterinaria: Baños y cachorros.

Todo hay que decirlo, algunos mitos en mi profesión los hemos cultivado nosotros mismos. Y este del que voy a hablar es uno de los más extendidos. El mito dice literalmente: Los cachorros no se pueden bañar hasta que no termine su programa de vacunación.

Y la verdad es que no tengo claro de donde ha salido pero es raro el cachorro que viene a la primera visita y no trae esta recomendación. ¡No se puede bañar hasta que no se vacune!

Y la pregunta es casi obligada: ¿Y porqué?. Porque me lo ha recomendado el criador, o el veterinario, o el vecino…

La cuestión es que no hay base científica, ni de las otras, para evitarle el baño a un cachorro sucio. Y es que es fácil ver cachorros que bien por el lugar y las condiciones en que se han criado, o bien por el transporte desde donde nació hasta la nueva casa, o porque se han mareado en el viaje…llegan a su nuevo hogar hechos unos zorros.

No solo estoy hablando de suciedad pura y dura, estoy hablando de que muy a menudo llevan restos orgánicos propios o de sus hermanos y que cuanto antes los liberemos de ellos, pues mejor.

Pero el baño asusta. Y mucho. Hay la creencia de que puede cogerse cualquier cantidad de enfermedades. Se habla de moquillo. De neumonías. De muerte súbita.

Yo puedo asegurar sin temor a equivocarme que del grifo de una casa normal no sale otra cosa que agua. En el agua del grifo no hay virus de moquillo. Tampoco están los gérmenes que provocan la neumonía. No hay nada más que agua. Y si la combinamos con champú para perros pues, solo hay agua y un remedio contra la suciedad. Y al cachorro solo le pasa una cosa. Que entra sucio en el baño y sale limpio del baño. Nada más.

Y ¿Cuándo pueden surgir problemas? Muy sencillo. Solo hay que apelar al sentido común para descubrir estos problemas. Si bañamos al cachorro con agua helada, además de que le cortaremos la respiración y de que se acordará de nuestros parientes, pues puede cogerse un pasmo de narices. O si lo dejamos húmedo y lo sacamos al balcón a que se seque, sobretodo en invierno. O lo metemos al río, Arga en nuestro caso, y sumamos la temperatura gélida del invierno con las cualidades insalubres de sus aguas. En fin, si perdemos la cabeza y bañamos al cachorro en condiciones que jamás utilizaríamos con nosotros.

Pero la realidad no es así. Invitamos a los nuevos propietarios a que bañen a su cachorro lo antes posible. Que lo hagan con agua templada y lo sequen a conciencia. Que lo socialicen con el secador de pelo. Y nos aseguramos de que la entrada de un cachorro a su nuevo hogar además va libre de todo lo que impregnaba su pelo.

Y en mi caso huyo de los champús en seco. Unos polvos blancos que normalmente valen para poco. Y que desde luego no garantizan la eliminación de parásitos o huevos de parásitos.

Yo, a día de hoy, estoy por ver al primer cachorro con problemas por haberlo bañado. Y han sido unos cuantos…miles.

Así que desterremos este mito. Si adquirís un cachorro, bañadlo.

Buscaremos otros mitos que ‘desmitificar’.

Un saludo cordial, Leo

 

24/02/2014 - Socialización y vacunación. Conflicto de intereses.

_LEO2539Desgraciadamente para todos, los periodos de socialización y de vacunación del cachorro coinciden en el tiempo. Esto nos genera un conflicto de intereses difícil de afrontar dado que ambos procesos son vitales para la vida futura del cachorro, y nos toca decantarnos por uno u otro. Para los puristas de la vacunación sin riesgos estos meses deben pasarse en confinamiento y sin contacto con ningún otro perro, y para los puristas de la socialización supone un error irremediable el evitar ese contacto con sus circunstancias sociales futuras.

He de decir, para que no quede ninguna duda, que mi posición se parece más a la de los puristas de la socialización.

Por supuesto que soy capaz de comprender, aunque luego no las comparta, las razones de quién opina que sacar al cachorro a la calle antes de terminar su programa de vacunación es arriesgado. No tengo dudas de que si un cachorro sin terminar de inmunizarse entra en contacto con el virus de la parvovirosis va a tener un problema, y serio. Como tampoco tengo ninguna duda de que un cachorro que no socialice a esta edad va a tener problemas de comportamiento muy probablemente durante toda su vida, e igualmente serios.

¿Alguien en su sano juicio impediría el contacto de su hijo con otros niños hasta que estuviese correcta y totalmente vacunado? Probablemente no, y de hecho no lo hacemos. Enviamos a nuestros hijos a la guardería, a la escuela, al parque, a pesar de que, si tuviese la mala fortuna de encontrarse con otro niño que padezca poliomielitis pongamos por caso, iba a tener un problema, y serio como hemos dicho antes.

¿Y qué hacemos entonces?

Yo empiezo por explicar esta situación a todo propietario de cachorro que pasa por mi clínica. La opinión del propietario es muy importante para nosotros. Le hablamos de riesgos y beneficios. Yo les suelo comentar que debemos seleccionar adecuadamente los lugares a los que vamos a sacar a nuestro cachorro. Por fortuna vivimos en una sociedad donde los animales vacunados son una inmensa mayoría. Esto ofrece una protección excepcional a nuestro nuevo cachorro. Si lo introducimos en sitios urbanos tiene una altísima probabilidad de encontrarse fundamentalmente con individuos si no totalmente, razonablemente vacunados. Es decir, con perros con escasa capacidad de padecer las enfermedades que estamos protegiendo, y que por tanto no se convertirán en vehículos de transmisión. Todos sabemos que una población bien vacunada supone una buena protección para los individuos de esa población que no están vacunados.

¿Por dónde no hay que sacarlo? Pues por lugares donde no podamos garantizar su protección. Nunca lo llevaremos a una perrera donde el hacinamiento y las malas condiciones puedan albergar enfermedades. Son más seguros los parques urbanos que los rurales ya que en los pueblos hay más probabilidad de encontrase con perros no vacunados. No los dejaremos sueltos por las clínicas veterinarias (Procuramos que en la clínica los cachorros permanezcan en brazos o en la mesa de exploración, que siempre se limpia a conciencia)  donde se concentran la patologías de todo tipo.

¿Cuando cambia la cosa? Curiosamente cambia la cosa radicalmente cuando prevemos que el nuevo cachorro puede ser una amenaza para el entorno donde lo vamos a sacar. Y me explico. Cuando viene a la clínica un cachorro adquirido en uno de estos comercios al por mayor, sitios donde se venden miles de cachorros al año,  tratamos de que no salga a la calle hasta que no pase una cuarentena en su casa. Últimamente estamos viendo muchos cachorros comprados en este tipo de negocios. Son cachorros, muchos de ellos, importados del este de Europa. Desgraciadamente por las condiciones de viaje más las condiciones de almacenamiento (Suena fatal pero realmente los almacenan) a menudo vienen enfermos o muy enfermos, y muchos mueren de parvovirosis, parasitosis masivas, etc. Cuando vemos un cachorro de estos, le instamos a su propietario a que lo mantenga en cuarentena durante un mínimo de 15 días, en casa, sin sacarlo a la calle, para evitar que siembre estas enfermedades en el entorno por donde va a pasear. Nos parece tan importante esto que tampoco lo vacunamos hasta que no pase este periodo de cuarentena.

Pero lo que NO hacemos es aislar a un cachorro durante el periodo de socialización. Un cachorro, a día de hoy, puede vivir 15 años. Lo que hagamos durante el periodo de socialización va a dejar huella durante esos 15 años. Para bien y para mal. Y nosotros nos hemos decantado por apostar hacia la buena socialización.

Y lo notamos. Y mucho. Un cachorro socializado es un futuro perro feliz en la calle. Un cachorro no socializado tiene grandes posibilidades de arrastrar miedos y temores TODA SU VIDA.

Y la verdad es que nuestra experiencia es muy buena. Vemos muy, muy, muy pocos cachorros con problemas. Sin embargo vemos pocos problemas de miedos a cosas cotidianas.

Todo cachorro, antes de cumplir los 3 meses debería comportarse de manera tranquila ante cualquier actividad de un niño o grupo de niños. Pues mostrémoselo. Mostrémosle niños jugando, gritando, corriendo, jugando al fútbol, en columpios, etc. y mostrémoselo con tranquilidad, con calma, haciéndole notar que a nosotros no nos preocupa lo más mínimo. Y el cachorro lo aprenderá y en un futuro verá a un crío y, o querrá ir con él o pasará de él, pero no le tendrá miedo.

Todo cachorro, antes de cumplir los 3 meses debería reconocer la información que ofrecen otros miembros de su especie. Debería saber como reconocer un momento de juego, uno de tensión, uno de indiferencia. Y para que lopueda hacer necesita no tener miedo de otros perros.

Todo cachorro, antes de cumplir 3 meses debería poder reconocer todo lo que hay en un espacio urbano, o rural, o campestre como coches, motos, aglomeraciones, ruidos, semáforos, bocinas, porque van a ser parte indisoluble de su vida futura, y sería bueno que los reconozca como parte de su entorno, y los viva con relajación.

Ojalá que le mostremos como comportarse ante situaciones como tormentas, cohetes, aspirador, secador de pelo, baños… Con tranquilidad.

Un buen ejemplo de socialización extrema es la que se da en los perros de gente que desgraciadamente no tiene casa, y que no tiene más narices que vivir en la calle. Suelen ser perros que no se meten con nadie. Que no se alteran con nada. Son animales que soportan ruidos, frenazos, aglomeraciones… y muy a menudo lo hacen, DORMIDOS. Están tan socializados que no les afecta nada de su entorno. Una maravilla, a pesar de que su estilo de vida evidentemente no se lo deseo a nadie y mucho menos a su propietario.

En fin, espero no haberme dejado nada en el tintero.

¡¡¡ SOCIALIZACIÓN SI !!!

Un fuerte abrazo, Leo

06/02/2014 - Importancia de la socialización en cachorros. (Parte 3)

_DSC1237Aunque las dos entradas anteriores aparentemente no decían gran cosa acerca de la socialización, creo que resulta imprescindible tener en cuenta esa información para entender lo que viene en ésta.

Como ya hemos dicho, un cachorro no desarrolla la sensación de miedo en toda plenitud hasta los 3 meses o 3 meses y medio. Durante ese tiempo, como no manifiesta miedo, cuando se encuentra con situaciones nuevas no las rehuye. No huye, no se esconde, no hace nada, solo se pone en alerta y observa. Pero no reacciona como suele hacer un individuo que tenga miedo.

¿Y esto sirve para algo? Pues sirve, y para mucho. Sirve para que pueda observar el comportamiento de los que le rodean. Y lo imite. Si ante una situación nueva los individuos que lo rodean demuestran indiferencia, él aprenderá que esa situación no es preocupante y con unas pocas repeticiones él la pondrá dentro de las situaciones que no requieren preocupación, y…no se preocupará cuando se vuelvan a presentar.

Si por el contrario, ante otra situación, su madre, sus congéneres, o su propietario en el caso nuestro, demuestra miedo o tensión, él, que lo está observando, entenderá que aquello provoca una reacción temerosa y hará lo que están haciendo su madre, sus congéneres o su propietario. Y cuando aquella situación se vuelva a presentar, él demostrará miedo y hará lo que se hace cuando hay miedo.

Os pongo un ejemplo para dejarlo más claro. Si colocamos a un cachorro ante dos situaciones parecidas pero radicalmente diferentes. Lo colocamos ante una oveja negra o lo colocamos ante un oso negro. Una situación no es problemática pero la otra lo es, y mucho. Pero para el cachorro son dos bichos negros que vienen hacia él. No tiene suficiente información como para saber qué hacer en un caso o en el otro. Pero como no tiene miedo no huye de ninguna de las dos situaciones. Y ¿Qué hace? Pues se queda quieto y observa qué hace su madre. Su madre ante la oveja quizá no demuestre ninguna preocupación y siga haciendo lo que estaba haciendo. Demostrará indiferencia. Y el cachorro aprenderá que ante una oveja lo que hay que hacer es pasar olímpicamente. En cambio ante la presencia del oso, su madre manifestará miedo y hará lo que procede. Se largará de allí intentando evitar al oso. Quizá se agazape y trate de pasar desapercibida. Y el cachorro verá este comportamiento y lo imitará.  Y cuando se repita lo volverá a hacer. Al punto que llegará un momento en que vea a un oso y se comporte como aprendió, por imitación.

Si el cachorro sintiese miedo desde el principio podría darse el caso de que huyese tanto de la oveja como del oso y su vida sería francamente complicada.

Y ¿qué pasa después de los 3 meses y medio? Pues que aparece el miedo. A partir de ese momento el aprendizaje cambia. En condiciones naturales la naturaleza ha hecho una maravilla. Durante un periodo de tiempo (El periodo de socialización) el cachorro ha imitado lo que ha visto hacer, porque la ausencia de miedo le permitía quedarse quieto observando. A partir de este periodo, el cachorro ya tiene condiciones físicas para meterse en problemas, puede alejarse del grupo familiar. Como buena parte de las situaciones que se puede encontrar ya son conocidas, reacciona ante ellas como ha aprendido. Pero es posible que se encuentre ante algo nuevo. Y no sepa qué hacer. Bien, la naturaleza ha desarrollado el miedo para esta situación. Y ¿qué es lo que hace?. Huir. Correr. Alejarse de la situación. En la naturaleza la curiosidad va mal. Ante situaciones nuevas es mejor poner tierra de por medio.

Los miedos son más frecuentes a situaciones no conocidas que a malas experiencias. Como ejemplo podemos decir que un zorro en el monte huye de la gente, sin embargo si le preguntamos al zorro si ha tenido alguna mala experiencia con un humano probablemente nos diría que no, que nunca ha estado ni siquiera cerca, pero que su madre los rehuía. Y él aprendió a rehuirlos.

Y ¿qué importancia puede tener esto en nuestros cachorros? Pues lo dicho, mucha, muchísima. El periodo de socialización es crítico. Un cachorro debería conocer el lugar donde va a vivir antes de los 3 meses. Deberíamos enseñarle a comportarse ante cualquier situación que vaya a ser cotidiana en su vida futura. Tiene que saber qué hacer ante la presencia de niños, perros, coches, bicis, calles, semáforos, autobuses, … Y lo que tiene que hacer es muy simple. Nada. No preocuparse. Indiferencia total. Y ¿cómo lo logrará?. Muy simple. Lo presentaremos ante esas situaciones y le demostraremos que a nosotros no nos produce ninguna respuesta negativa. Que pasamos de ellas. Y él pasará de ellas.

¿Que es lo que no puede ser? No puede ser que la primera vez que un cachorro vea a un grupo de niños haciendo el loco ya tenga más de 4 meses. Porque podría ser que se asustase y saliese corriendo. Y su capacidad para identificar la situación como inocua estará muy disminuida.

Lo que no puede ser lo veremos en una siguiente entrada, para evitar inundar de información.

Además hablaremos del gran conflicto entre periodo de socialización y periodo de vacunación, y os daré mi opinión al respecto.

Un saludo, Leo